|
INTRODUCCIÓN |
Lección 1 |
Lección 2 |
Lección 3 |
Lección 4 |
Lección 5 |
Lección 6 |
Lección 7 |
Lección 8 |
Lección 9 |
Lección 10 |
Lección 11 |
Lección 12 |
Repaso
“Señor, déjala todavía este año”
(Lucas 13:8).
EL dueño de una higuera había venido a buscar fruto por tres años, sin
hallarlo. Disgustado por esto, dijo: “Córtala; ¿para qué inutiliza
también la tierra?” (Lc. 13:7). El viñador, que era quien la cuidaba,
pidió que la dejara un año más. Durante este año se comprometió a cavar
alrededor de ella y abonarla, para ver si con un esfuerzo más la higuera
se volvía productiva.
Entre otras cosas, esta parábola nos enseña una lección referente a lo
que es la disciplina. Aprendemos que la disciplina es:
a) Una acción severa, tal vez drástica. Los que cuidan los árboles
tienen que podarlos, para quitar ramas que estorban y no dejan pasar la
luz; cavar a su alrededor, para remover la tierra que no sirve y las
piedras; tal vez algunas raíces enfermas, y ver si tiene alguna plaga,
para después, poner nueva tierra y abono.
b) Una acción necesaria. Sin ella, una planta que no da las flores o el
fruto que se espera de ella, es inútil y sólo le quita a la tierra los
nutrientes que pueden servir a otras plantas.
c) Una acción con un fin específico. La podadora, el pico y la pala
están en las manos de un experto que sabe exactamente qué hacer. El fin
es que dé fruto, o si ya da fruto, que dé más fruto (Jn. 15:2).
Para este trimestre, en la Escuela Dominical, el título de nuestras
lecciones es: “El Señor al que ama, disciplina” (Heb. 12:6), y
aprenderemos que la disciplina a la que Dios nos somete tiene estas
características:
a) Es severa, porque busca grandes cambios positivos y duraderos en
nuestra conducta, y es drástica, cuando tiene que corregir errores
graves que se han vuelto costumbre.
b) Es necesaria, porque sin ella no podríamos agradar a Dios. El pecado
se manifestaría de muchas formas y traería graves problemas a nuestra
vida. En nuestra lucha contra el mal, no podemos triunfar solos.
c) Es provechosa, porque está diseñada por Dios para que demos “frutos
de justicia” (Fil. 1:11), es decir, acciones que son agradables a Dios y
útiles a nuestros prójimos.
Las doce lecciones las dividiremos en tres grupos:
A)
Dios y la disciplina
1.
Dios pesa mi camino
2.
Dios ve mi corazón
3.
Dios oye mi clamor
4.
Dios tiene el control
B) El fruto de la
disciplina
5.
Cambio completo
6.
Compromiso contraído
7.
Capacitación constante
8.
Cumplimiento cabal
C) El proceso de
restauración
9.
Altar, templo y muro
10.
Corazón, manos y oídos
11.
Lectura, confesión y adoración
12.
Sacrificios, alabanza y regocijo
Repaso
Introducción |
Índice |
Lección 1 |