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MIENTRAS CAMINÁIS Año III, Trim 2 |
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TEXTO PARA MEMORIZAR: Zacarías 3:4
Las “vestiduras viles”, no necesariamente son actos injustos o egoístas, ni aun malvados o perversos. Pueden ser actos nobles y justos, pero hechos por el hombre según el designio de su corazón (Is. 64:6). Dios le dijo a Josué: “He quitado de ti tu pecado” (no pecados). Se refería a la condición de su corazón (Gn. 6:5). Por tanto, para vestir “ropas de gala” es necesario: 1. Ser “un tizón arrebatado del incendio” (3:2). Esto nos habla de nuestra redención que fue por sangre, y que se refiere al “perdón de pecados” (Ef. 1:7). Aquí sí es plural porque se refiere a nuestro pasado que fue borrado y olvidado. 2. Que nuestro corazón sea transformado (Ez. 11:19,20), para que así tengamos tanto el “querer como el hacer” y podamos agradar a Dios (Ro. 7:17-25; Fil. 2:13). Esto se refiere a nuestra renovación (Tit. 3:5).
El sacerdocio, representado por Josué, necesitaba un nuevo corazón, como ya vimos, para que al ser vestido de “ropas de gala”, no las volviera a transformar en “vestimentas viles”. El linaje de David, representado por Zorobabel, para levantar muros rectos necesitaría unas manos activas y una plomada (4:9,10), artefacto que utiliza una ley creada por Dios (la gravedad). Su trabajo sería reducir el monte de escombros a llanura, para sacar la primera piedra de debajo de ellos y comenzar a construir sobre ella (4:7). El corazón, habla de pensamientos e intenciones. Las manos, de acciones (corregir y construir).
La misión encomendada a Zorobabel, nos recuerda mucho el trabajo del apóstol Pablo y la “piedra” sobre la cual es edificada la iglesia de Cristo. En nosotros se conjugan Josué y Zorobabel, porque somos “reyes y sacerdotes” (Ap. 1:6). Aprendamos la lección y no tratemos de hacer nuestro trabajo apoyados en ejércitos (números) ni en nuestra fuerza, sino en el Espíritu (Zac. 4:6). |
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2008 Publicaciones "El Sembrador" |
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