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MIENTRAS CAMINÁIS Año III, Trim 2 |
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TEXTO PARA MEMORIZAR: Nehemías 8:3
Tratemos de imaginarnos este momento. ¿A qué se debió que “los oídos de todo el pueblo” estuviesen atentos a la lectura de la ley? ¿Costumbre? No. Fue la primera vez en mucho tiempo. ¿Horario? No. Fueron seis horas, y por varios días. ¿Asistentes? No. Fue una gran multitud. Entonces, ¿cuál fue la razón de su atención? ¿Convicción? Sí. Sabian que leían la ley de Dios. ¿Lugar? Sí. Una plaza donde todos podían ver y oír. ¿Método? Sí. Ponían el sentido a lo que leían. Aquí hay una lección para todos: en nuestra vida personal, en nuestras reuniones de predicación, en nuestras juntas, ¿qué lugar, qué tiempo, qué interés le damos a la lectura de la Palabra de Dios? También, pensemos en esto:
La primera, posiblemente el día primero del mes séptimo (Lv. 23:24), cuando se leyó la Palabra de Dios (Neh. 8:1). Resultado: descubrieron que deberían celebrar la fiesta de los tabernáculos y lo hicieron, con tal entusiasmo y apego a la ley, que nunca antes se había celebrado así desde los días de Josué (hijo de Nun), cuando se hizo, posiblemente, por primera vez (Neh. 8:14,17). La segunda, del día quince al veintitrés del mismo mes, cuando se leyó cada día la ley de Dios (Neh. 8:18). Resultado: apartaron a los extranjeros (Neh. 9:2) y se volvieron a reunir mostrando su arrepentimiento. La tercera, el día veinticuatro del mismo mes, cuando por seis horas leyeron la ley y por seis horas confesaron sus pecados (Neh. 9:1,3). Resultado: una promesa escrita y firmada (9:38; 10:28,29): “andarían en la ley de Dios.”
“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros”, es una recomendación a la que debemos hacer más caso. Planeamos cantos, predicaciones y aun oraciones, pero, ¿preparamos a alguien para que lea la Biblia con sentido y corrección, de tal manera que se entienda? Tal vez nos falta creer en el poder de las Escrituras para producir resultados como los que vimos hoy. |
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2008 Publicaciones "El Sembrador" |
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