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MIENTRAS CAMINÁIS Año III, Trim 2 |
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TEXTO PARA MEMORIZAR: Daniel 9:3
Para acercarme a Dios en forma reverente y para que mi ruego sea eficaz, necesito cubrir estos tres puntos: 1. AYUNO. Esto se interpreta por muchos como dejar de comer, pero para Dios, es cesar de toda actividad para dedicarse únicamente a orar. 2. CILICIO. Esto se refiere a vestidos toscos de tela áspera, que ocultaban y borraban toda distinción personal. Equivale a presentarse ante Dios habiéndose despojado de toda gloria, toda virtud y toda apariencia que nos pudiera hacer grandes ante los ojos de los hombres. Es decir que no hay nada de valor en nosotros. Hoy, después de desnudarnos de nuestra gloria, debemos vestirnos de Cristo para entrar a la presencia de Dios. 3. CENIZA. Cuando la madera (árbol muerto) o sacrificio (animal muerto) se quema, sólo quedan cenizas. Este “olor de muerte” era el “perfume” que usaban para acercarse a Dios. Nosotros nos presentamos a Dios habiendo muerto con Cristo y llevando sólo la unción de Dios que nos distingue del resto de los humanos.
Las lecturas nos permiten observar las palabras que usaba Daniel al orar a Dios. Éstas nos dan las siguientes lecciones: 1. Es importante tener compañeros que puedan orar, junto conmigo, con el mismo fin (2:17). 2. Antes de pedir lo que necesito, debo pedir las misericordias de Dios. Esto debe ser así, porque no merezco recibir nada de Dios (2:18). 3. Inmediatamente después de recibir algo de Dios debo agradecérselo, bendiciendo su nombre (2:19,20). 4. Orar debe ser algo tan constante en nosotros, como lo es respirar. Los que nos rodean deben ver que somos hombres y mujeres de oración (6:10,11). 5. Los que hemos creído en Cristo hemos sido bautizados en un cuerpo (1 Co. 12:13), por tanto, no podemos vernos como cosas aisladas y decir él o aquél…. Tenemos que vernos como un cuerpo y decir: “Hemos... hemos... hemos... hemos... hemos...” (9:5).
Entre los creyentes, hay tres clases de peregrinos: 1. Los que piensan que no necesitan de la armadura de Dios, y caen presa fácil de Satanás. 2. Los que sólo se ponen la armadura, y por ello, duran un poco más en la batalla antes de caer derrotados. 3. Los que, además de tomar toda la armadura de Dios, oran “en todo tiempo”. Estos son los que salen siempre victoriosos de sus batallas (Mt. 26:41). |
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2008 Publicaciones "El Sembrador" |
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