|
|
||||||||||||
| Inicio | Historia | El Sembrador | Devocional | Estudio Bíblico Semanal | Evangelismo | Orad por Nosotros | Contacto | ||||||||||||
|
INTRODUCCIÓN | Lección 1 | Lección 2 | Lección 3 | Lección 4 | Lección 5 | Lección 6 | Lección 7 | Lección 8 | Lección 9 | Lección 10 | Lección 11 | Lección 12 | Repaso
TEXTO PARA MEMORIZAR: Lucas 15:23,24
Las excusas y pretextos comenzaron inmediatamente después de que el hombre pecó (Gn. 3:7-13). Por tanto, son lo que la mente inventa para cubrir errores, defectos y pecados. Pero, como las hojas que usaron Adán y Eva se marchitaron por el sol, así las excusas y pretextos no sirven para cubrir los pecados ante los ojos de Dios. En la parábola, las excusas vinieron de los invitados, es decir, de los que oyen el evangelio, pero piensan que hay cosas más importantes que la salvación de su alma. Pero, todos estamos expuestos a poner excusas y pretextos cuando la voz de Dios nos invita. Tres personas, antes de seguir a Cristo, presentaron excusas y pretextos (9:57-62); pensaron que, para seguir al Señor Jesús, necesitaban: 1. La comodidad de su hogar. Seguridad física. 2. La herencia de su padre. Seguridad económica. 3. El apoyo de su familia. Seguridad emotiva.
Dios ve el corazón y escucha lo que decimos. ¿Qué opina de nosotros cuando esto no concuerda? Al hombre lo podemos engañar, nuestras palabras pueden cubrir una verdad o disfrazar una realidad y, ¡cuán pocos se dan cuenta de lo peligroso que es no hablar la verdad (Ef. 4:25)! Hablar verdad, no se refiere tanto a decirle a otro lo que leímos, vimos o entendimos, porque en todas estas cosas puede haber diferencias entre la verdad real y lo que yo capté. Lo importante es hablar verdad con respecto a mí mismo: lo que pienso y lo que siento; la razón: aquellos con quienes hablo son miembros del mismo cuerpo y merecen una comunicación real y abierta para que me conozcan como soy, y si ahora Cristo vive en mí, ¡con mucha mayor razón!
Saber cómo “responder a cada uno”, es algo de suma importancia, pues nuestras palabras no deben herir (Stg. 3:2), por eso necesitamos “gracia”. Tampoco deben corromperse o mal entenderse una vez que sean oídas, por eso necesitamos “sal”. ¿Has aprendido esto? |
||||||||||||
|
2008 Publicaciones "El Sembrador" |
||||||||||||