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» Introducción

Como complacer a Dios


Texto para memorizar: Números 6:8


”Todo el tiempo de su nazareato, será santo para Jehová.”

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Introducción: Números 6:1-8


El hombre o la mujer que quería decirle a todos que se había dedicado a Jehová, lo debía hacer tomando el voto de nazareo (6:2).

Este voto lo haría diferente a todos los demás en tres puntos principales:

1. Su alimentación (6:3,4). Los productos de la vid eran parte principal de la alimentación de los judíos, por tanto, se notaría claramente cuando alguien había tomado este voto.

2. Su cabello (6:5). No debía cortárselo durante todo el tiempo que duraba su voto, pero al término de él, se lo raería y lo pondría sobre el fuego que estaba en el altar (6:18). Durante el tiempo que durara el voto, se notaría al varón, por su pelo largo; al término de él, hombre y mujer se verían diferentes.

3. Su andar (6:6,7). No podía acercarse a un muerto, porque tenía “la consagración de su Dios” sobre su cabeza. Por esto, si fallaba, debía quemar su cabello y comenzar de nuevo (6:9).

Hoy, esta costumbre ya no se enseña, pero para todo hijo de Dios siguen las mismas instrucciones, con una marcada diferencia.

  • El “voto de nazareo”, es decir, el ser santo para Dios, no es optativo, sino obligatorio.


Lección: SANTIDAD


Si somos hijos de Dios, debemos manifestar en todos lados las cualidades de nuestro Padre celestial y, entre ellas, está LA SANTIDAD.

Como el nazareo, hemos de ser santos, pues es:

a) El fruto del cambio que Dios ha operado en nosotros (Ro. 6:22). Por esto hemos de ser diferentes en lo que buscamos, es decir, nuestra alimentación (Jn. 4:34 ; Ro. 6:19; Fil. 3:17-20).

b) Lo que conviene a los hijos amados (Ef. 5:1-4). Por esto hemos de ser diferentes y distinguirnos de los que no conocen a Cristo. Debemos de sobresalir entre la multitud por nuestros hábitos y nuestra forma de hablar, porque llevamos “la consagración de Dios sobre nuestra cabeza”.

c) La voluntad de Dios (1 Ts. 4:3). Por tanto, debemos apartarnos de la fornicación, así como ellos debían cuidarse para no contaminarse con un muerto. Debemos ser diferentes en cómo escogemos a nuestras amistades y en lo que hacemos con nuestros compañeros de escuela o trabajo.


Pensamiento: Romanos 1:7


 

“Llamados a ser santos” es una verdad que debemos entender y creer con el corazón.
No es algo optativo sino obligatorio para todo hijo de Dios.
Nos escogió “para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”,
y fuimos adoptados como hijos, “para alabanza de la gloria de su gracia” (Ef. 1:4-6).
¡Qué pequeña es nuestra mente cuando sólo pensamos
que nos rescató para que no fuésemos al infierno!

 


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