| AGOSTO 9 |
ORACIÓN
1 Reyes 8:22-53
En esta oración hay adoración y peticiones. Observemos la relación y la
proporción que guardan tanto aquí como en nuestras oraciones estos dos
ingredientes.
Salomón reconoce que Dios es único y es fiel a sus promesas (v. 23), que
llena los cielos de los cielos (v. 27), pero se digna morar con sus siervos
(v. 28). ¡Cuánto más asombroso es que more hoy en nuestros corazones!
Dios es lleno de misericordia y dispuesto a perdonar (v. 30). El concepto
que tenemos de Dios influye mucho en la clase de fe con que nos acercamos
a él y con la que nos atrevemos a pedirle.
Salomón pide que Dios escuche las oraciones cuando sus hijos extiendan
sus manos hacia la casa que estaba dedicando. Recordemos que Daniel hizo
esto precisamente cuando estaba en cautiverio. Por eso se llamaba casa
de oración (Is. 56:7; Mt. 21:13). Los edificios donde se congrega la iglesia
no son casas de oración en este sentido.
Hoy no es un altar ni lo sagrado de una casa, sino la virtud de la persona
de Cristo y su sangre derramada lo que nos da acceso al Padre y asegura
que Dios oye nuestras oraciones hechas en el nombre de su Hijo.