| AGOSTO 8 |
DEDICACIÓN
1 Reyes 8:12-21
Esta se hace con un discurso y una oración. Veremos la oración mañana.
El lugar santísimo no tenía ventanas ni luz artificial. Por eso repite
Salomón las palabras de Dios que habitaría en la oscuridad. Dios es luz
y donde él está no puede haber tinieblas (1 Jn. 1:5).
Su gloria iluminó el templo de la misma manera que llena de luz nuestros
corazones (2 Co. 4:6) y nuestro sendero hoy. Salomón recuerda al pueblo
la historia nacional y las promesas de Dios a su padre. Hay dos lecciones:
1. Dios se agrada y premia el deseo de servirle aunque a veces no permite
que hagamos lo que está en nuestro corazón. ¿Qué ocurre cuando las cosas
son a la inversa, cuando hacemos algo por Dios a la fuerza, sin tener el
deseo de hacerlo?
2. Hay veces que un siervo de Dios labra la tierra, siembra y cuida lo
sembrado, y otro viene y cosecha. Así fue con David y Salomón en la construcción
del templo. Sólo Dios puede aquilatar el valor del servicio de sus siervos.
No juzguemos estas cosas antes de tiempo (1 Co. 4:5).