| AGOSTO 3 |
LA CASA DE DIOS
1 Reyes 5:1-18
Nehemías edificó en tiempos tormentosos, rodeado de enemigos; Salomón en
tiempos tranquilos contando con la ayuda de un gran amigo, Hiram, el rey
de Tiro.
Hubo dos clases de obreros: 30,000 que trabajaban 10,000 por mes, y también
150,000 extranjeros, de los cuales había 80,000 elaborando el material
y 70,000 que lo transportaban; sobre estos obreros había 3,300 oficiales.
Nos impresiona la magnitud de la obra y la armonía entre tantos albañiles
y carpinteros. Reciben mención especial las piedras grandes, costosas y
labradas que se usaron en los cimientos. El fundamento queda bajo el suelo
y nadie lo ve, pero es de gran importancia.
Así es la iglesia. No debemos escatimar esfuerzo si queremos una iglesia
de carácter sólido y con testimonio duradero.
La Palabra de Dios nos enseña cuál debe ser el fundamento y exige cuidado
de parte del que sobreedifica (1 Co. 3:10). Nosotros, como piedras vivas,
somos parte del edificio que, bien coordinado, se edifica para ser morada
de Dios en el Espíritu (Ef. 2:20-22; 1 P. 2:5).