| ABRIL 25 |
SACERDOCIO
Números 18:1-32
Hay tres lecciones en este pasaje:
1. El pecado del sacerdocio (vs. 1-7).
El sacerdocio debe ser santo, pero la realidad humana es otra. El capítulo
anterior y acontecimientos posteriores como la maldad de los hijos de Elí
(1 S. 2:22-25) lo comprueban. El pecado de los sacerdotes tenía que ser
expiado.
2. Las recompensas del sacerdocio (vs. 8-19).
Dios le dio a Aarón y a sus hijos, además de la ayuda de los levitas, el
cuidado del altar y el don del sacerdocio; el cuidado de las ofrendas,
el privilegio de comer en el santuario y las primicias de todas las cosas.
Dios declara que esto es pacto de sal perpetuo (v. 19). Los dones de
Dios son irrevocables (Ro. 11:29).
3. La herencia del sacerdocio (vs. 20-32).
Aarón no tenía herencia ni parte en Israel, pero Dios le dice: Yo soy
tu parte y tu heredad, así que podía decir como el salmista: Jehová es
la porción de mi herencia y de mi copa (Sal. 16:5). Los levitas no tenían
propiedades, pero tenían por heredad los diezmos y debían dar los diezmos
de los diezmos a Aarón. Es así cómo la mejor parte, la buena parte, era
para Aarón. Como los levitas, demos todos nosotros lo mejor a nuestro Sumo
Sacerdote.