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ESTUDIOS BÍBLICOS - Página 3

 

1 de Julio de 2009 | Número 83                                         Descargar versión PDF


Al creer en Cristo como Señor, se acepta su autoridad, pero también su dominio y poder que pueden guardar de todo mal y libertar de las cadenas del pecado a todo aquel que se rinde a sus pies.

Un SEÑOR a quien
SEGUIR


Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz (Marcos 10:21).

El joven rico tenía una inquietud similar a la del carcelero, y pregunto: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? (Mr. 10:17). Pensaba que la vida eterna se heredaba, es decir llegaría a obtenerla al morir, si cumplía ciertas normas, e insistió en la necesidad de hacer y no de creer

La vida eterna es algo que Dios da a todo aquél que cree en su Hijo unigénito (Jn. 3:16), es algo que se disfruta hoy, pero está ligado a creer, obedecer y seguir.

No se puede confesar a Cristo como Señor (Ro. 10:9) y no creer que es poderoso para guardarnos sin caída (Jd. 24). No se puede creer en Cristo como Señor y no seguirle dondequiera que él ordene, y hacerlo sin apartarnos ni a la derecha ni a la izquierda (Jos. 1:7), tal como se le ordenó a Josué.

Seguir al Señor demanda: una decisión: anda; permitir que otros valoren lo que soy para no tener un falso concepto de mí mismo: vende; despojarme de todo lo que para mi es de valor, recibiendo nada a cambio: dalo, y lo más importante, cambiar

de dirección: ven, de objetivo: sígueme y de actitud: tomando tu cruz.

Un SEÑOR a quien
OBEDECER


¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Lucas 6:46).

Muchos piensan que seguir es orar, leer la Biblia, reunirse con los fieles y algunos puntos más que se vuelven ritos y costumbres estériles en cuanto al objetivo para el cual fuimos redimidos.

Algunos critican a aquellos que piensan que, para andar cerca de Dios, deben enclaustrarse tras paredes de piedra y mortero y así separarse del mundo, pero muchos hacen lo mismo tras paredes virtuales y dejan que sus semejantes sigan su camino hacia una eternidad sin Cristo.

La orden de Cristo es ser luminares en el mundo (Fil. 2:15); anunciar las virtudes del que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 P. 2:9) y contender ardientemente por la fe (Jud. 3).

Y esto no se hace dentro de mi yo, de mi casa o de mi iglesia. Para esto hay que obedecer la orden del Señor: ID… (Mt. 28:19,20).

Tengamos mucho cuidado de que los que oigan del Señor, no crean en vano (1 Co. 15:2).

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