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Al creer en Cristo como
Señor, se acepta su autoridad, pero también su dominio y poder que pueden
guardar de todo mal y libertar de las cadenas del pecado a todo aquel que se
rinde a sus pies.
Un SEÑOR a quien
SEGUIR

Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz
(Marcos 10:21).

El joven rico tenía una
inquietud similar a la del carcelero, y pregunto: Maestro bueno, ¿qué haré
para heredar la vida eterna? (Mr. 10:17). Pensaba que la vida eterna se
heredaba, es decir llegaría a obtenerla al morir, si cumplía ciertas normas,
e insistió en la necesidad de hacer y no de creer.
La vida eterna es algo que
Dios da a todo aquél que cree en su Hijo unigénito (Jn. 3:16), es algo que se
disfruta hoy, pero está ligado a creer, obedecer y seguir.
No se puede confesar a
Cristo como Señor (Ro. 10:9) y no creer que es poderoso para guardarnos sin
caída (Jd. 24). No se puede creer en Cristo como Señor y no seguirle dondequiera
que él ordene, y hacerlo sin apartarnos ni a la derecha ni a la izquierda (Jos.
1:7), tal como se le ordenó a Josué.
Seguir al Señor demanda:
una decisión: anda; permitir que otros valoren lo que soy para no
tener un falso concepto de mí mismo: vende; despojarme de todo lo
que para mi es de valor, recibiendo nada a cambio: dalo, y lo más importante,
cambiar
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de dirección:
ven, de objetivo: sígueme y de actitud: tomando tu cruz.
Un SEÑOR a quien
OBEDECER

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? (Lucas 6:46).

Muchos piensan que seguir
es orar, leer la Biblia, reunirse con los fieles y algunos puntos más que se
vuelven ritos y costumbres estériles en cuanto al objetivo para el cual fuimos
redimidos.
Algunos critican a
aquellos que piensan que, para andar cerca de Dios, deben enclaustrarse tras
paredes de piedra y mortero y así separarse del mundo, pero muchos hacen lo
mismo tras paredes virtuales y dejan que sus semejantes sigan su camino hacia
una eternidad sin Cristo.
La orden de Cristo es ser
luminares en el mundo (Fil. 2:15); anunciar las virtudes del que nos
llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 P. 2:9) y contender
ardientemente por la fe (Jud. 3).
Y esto no se hace dentro
de mi yo, de mi casa o de mi iglesia. Para esto hay que obedecer la orden del
Señor: ID… (Mt. 28:19,20).
Tengamos mucho cuidado de
que los que oigan del Señor, no crean en vano (1 Co. 15:2). |