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LAMENTACIONES |
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Julio 3-- Job 3:1-26 Job rompe el silencio, pero sus labios ya no bendicen; maldice el día en que nació. Durante siete días con sus noches había contemplado a sus amigos piadosos: ellos en perfecta salud mientras que él, tan piadoso como ellos, sufría dolor y vergüenza. Jeremías, ante oprobio y acusaciones injustas, pronunció palabras parecidas a las de Job en este capítulo: “Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito...” (Jer. 20:14-18). Tales son las expresiones de hombres buenos, pero frágiles. Job y Jeremías sufrieron mucho, pero Jesucristo nuestro Señor sufrió más y de él leemos: “no gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles” (Is. 42:2). Job estaba sentado en un montón de ceniza; Jeremías en una cisterna cenagosa, pero el Hijo de Dios fue clavado en una cruz y desamparado por Dios, mas de sus labios no escapó una sola maldición: “enmudeció, y no abrió su boca” (Is. 53:7). Como Job (v. 11), Moisés, Elías y Jonás desearon morir. Su error fue ver en la muerte a un amigo que los libraría de sus problemas. La muerte no es eso. Es un enemigo que será vencido (1 Co. 15:26). |
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2008 Publicaciones "El Sembrador" |
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