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Julio 13--
Job 13:1-28
Job sabía todo lo que sus
amigos pretendían enseñarle. La historia y la naturaleza le habían
enseñando que Dios es sabio y poderoso. Los acusa de ser consoladores
vanos, maestros que no enseñan nada y médicos nulos (vs. 4-12).
Procuremos que tales palabras no describan nuestro ministerio ante el
que sufre. Llevemos al que está en angustia el consuelo, la sabiduría y
el bálsamo que hemos recibido de Cristo. Job ya no quiere razonar con
los hombres (v. 3) y hace bien. Al acercarse a Dios, pronuncia palabras
que poco a poco van a disipar la oscuridad y angustia.
Muchos han usado sus palabras para expresar una declaración de confianza
que honra a Dios: “Aunque él me matare, en él esperaré” (v. 15). Hay un
ejemplo hermoso de esto en el Libro de Daniel. Los tres jóvenes dijeron
al rey caldeo: Dios puede librarnos de tu mano, pero si no lo hace y nos
deja morir, tampoco serviremos a tus dioses o adoraremos la estatua que
has levantado (Dn. 3:17,18).
Job quiere defenderse ante Dios porque sabe que en él está su salvación
(v. 16) y justificación (v. 18). Pablo apeló a César, pero Job apela a
Dios (Hch. 25:11).
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