| JUNIO 23 |
¡QUÉ DIFERENCIA!
1 Samuel 25:23-44
Pensemos hoy en Abigaíl. ¡Qué grande contraste de carácter, disposición
y previsión! La intervención de esta mujer salvó, no sólo su propia vida,
sino la vida de los de su casa y la preservación de sus bienes (v. 21).
Salvó, también, al mismo David, pues, de no ser por ella hubiese derramado
sangre inocente (v. 33).
En el diálogo con David, no presentó excusas por la acción de su marido
(v. 25), quien actuó bajo la influencia del vino (v. 36) y por eso, al
saber la verdad de sus acciones cuando estaba ofuscado y fuera de sí, se
desmayó (v. 37) y tuvo un ataque al corazón. También no exaltó la sabiduría
de su propia acción sino que instó a David a ver la mano de Dios usándola
a ella para prevenirlo (v. 26).
Por último notemos la respuesta humilde que ella da a la propuesta de matrimonio
de David (v. 41). Sin duda fueron estas virtudes y no su hermosa apariencia
(v. 3) la que hizo que David la buscara como esposa. Sería una sabia reina
y ayuda idónea para gobernar a Israel.
Para mi meditación: ¿Está mi vida ligada en el haz (racimo) de los que
viven delante de Jehová (v. 29)?