| JULIO 20 |
ABSALÓN
2 Samuel 18:1-33
Aquí notamos tres puntos de vista:
1. El de Jehová (17:14), como Juez de toda la tierra, decretó castigo por
toda la maldad de Absalón.
2. El de David (v. 5), como padre, pedía benignidad cuando se encontraran
con Absalón en la batalla.
3. El de Joab (v. 11), como capitán, hombre sanguinario que gustaba de
acabar a filo de espada con lo que se oponía, pedía su muerte sin misericordia.
Triste fin de un hombre que menosprecia la vida de su hermano, no da honra
a su rey y padre, y rechaza la autoridad divina. Ni las lágrimas de David
hubieran logrado que Dios cambiara el castigo. Esta es una advertencia
muy solemne. Busquemos siempre cumplir la voluntad de Dios (Ro. 12:1,2).
Absalón se lamentaba de que no tenía quien conserve la memoria de mi nombre
(comp. 14:27 y 18:18); aun aquí se observa la mano de Dios contra él.
¿Qué dejaré cuando Dios me llame a su presencia? ¿Un pilar de piedras muertas
que sirvan de advertencia a mis hermanos o hijos en la fe que llevan el
nombre de mi Padre celestial? La diferencia está en lo que ocupa mi tiempo:
las obras de la carne o las del Espíritu (Ro. 8:6).