La Buena Parte

AGOSTO 5

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LA CASA DE SALOMÓN

1 Reyes 7:1-22
 


Ya terminada la casa de Jehová, Salomón edifica la suya propia y dilata trece años para terminarla. Había varios edificios, tales como la casa del bosque, el pórtico de las columnas, el pórtico del trono donde se sentaba a juzgar y la casa donde él moraba. Todo reflejaba la gloria y riqueza del rey.

Hay varias lecciones que debemos aprender de nuestra lectura: (a) La casa de Dios es primero (v. 1). (b) Lo que se hace bien es costoso (v. 9). (c) Eran parecidas las casas de Jehová y la de Salomón; los mismos materiales y el mismo cuidado en labrar las piedras y la madera. ¿Es nuestra casa un reflejo de lo que es el cielo, o todo lo contrario?

Observemos que Hiram (vs. 13,14) no es el rey de Tiro, sino un maestro artesano con el mismo nombre que su rey. Su madre era de la misma tribu que Aholiab, el que hizo el arca del testimonio y los utensilios del tabernáculo.

La fuerza de las dos columnas estaba en su diseño y sus dimensiones, pero también eran bellas, adornadas con capiteles, trenzas y cordones, granadas y lirios. La iglesia es “columna y baluarte de la verdad” (1 Ti. 3:15). Debe ser fuerte, pero también atractiva. Sus frutos y su fragancia deben adornar su fuerza (Tit. 2:10).


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