La Buena Parte

AGOSTO 22

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EL HAMBRE ERA GRAVE

1 Reyes 18:1-19
 


¿No se daba cuenta Elías de las consecuencias terribles de la sequía cuando oró que no lloviese? El sufrimiento físico es terrible, pero peores son las consecuencias de vivir lejos de Dios, y la aflicción serviría para hacer que el pueblo volviera a Dios.

Elías anunció la sequía en el capítulo 17, pero aquí lleva un mensaje de gracia: “haré llover”. A pesar de la impiedad reinante, Dios tenía un siervo en el palacio, Abdías, que escondió y alimentó a cien profetas. Sí es posible servir a Dios en un ambiente hostil. Abdías hizo algo, en contraste con los que se limitan a buscar excusas en las circunstancias para disculparse por no hacer nada por Dios. Cuando se encuentran en el campo, el rey acusa al profeta de turbar a Israel. Elías responde: “Yo no he turbado a Israel, sino tú y la casa de tu padre” (v. 18). Una de las glorias de Elías es que cuando Cristo preguntó: “¿Quién dicen los hombres que soy yo?” (Mr. 8:27,28), la respuesta fue: “Elías”. Se parecían. Al Señor también lo acusaron de alborotar al pueblo (Lc. 23:5). El Señor fue al monte Calvario y Elías al monte Carmelo, donde retó a 850 profetas idólatras a una confrontación.


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