| AGOSTO 1 |
SALOMÓN PROSPERADO
1 Reyes 3:1-28
Nuestra lectura señala dos cosas de Salomón:
1. UN DEFECTO (vs. 1-3).
El espejo de las Escrituras refleja a uno que amó a Jehová y le fue obediente,
solamente que sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos (v.
3). Esta era práctica cananea e idolátrica. No consintamos ningún solamente
en nuestro carácter o conducta. Decidamos eliminarlo hoy mismo.
2. UN DESEO (vs. 5,10).
Salomón contaba con menos de veinte años cuando llegó a ser rey y estaba
consciente de sus limitaciones: Soy joven, y no sé cómo entrar ni salir
(v. 7). Era humilde, agradecido y confiaba en el poder de Dios así que,
cuando Dios le ofrece: Pide lo que quieras (v. 5), pidió bien. Dios le
dio lo que pidió y le dio más de lo que pidió (Ef. 3:20). No envidiemos
a Salomón, porque Dios nos ofrece la misma oportunidad de pedir lo que
queramos (Mt. 7:7; Jn. 15:16). ¿Qué le pediremos hoy? Salomón pidió pensando
en el bien del pueblo. A veces pedimos y no recibimos porque pedimos mal,
para nuestro propio deleite (Stg. 4:3). Santiago aconseja que pidamos sabiduría
y nos asegura que la recibiremos (Stg. 1:5).