| ENERO 8 |
LOS QUE CONFÍAN EN RIQUEZAS
Salmo 49:1-20
Este salmo tiene una introducción (vs. 1-4) y dos estrofas de ocho versículos
que tienen la misma conclusión.
Es un salmo filosófico que tiene mucho en común con el Libro de Job y el
Libro de Eclesiastés. Comenta el problema de la aparente prosperidad del
impío.
Su mensaje va dirigido a naciones y a individuos, a grandes y a pequeños,
a ricos y a pobres (vs. 1,2). El que ama a Dios no debe afligirse por la
riqueza del impío porque ésta es inútil cuando llega el momento más crítico
de la existencia. El dinero no libra a nadie de morir y no vale nada en
el juicio que sigue a la muerte. La redención es de gran precio y no se
logrará jamás por medios humanos (vs. 7-9). No fuimos redimidos con oro
o plata sino con la sangre preciosa de Cristo (1 P. 1:18,19).
En todo lo que se refiere a lo inevitable de la muerte el hombre es semejante
a las bestias, pero recordemos otros pasajes que enseñan que el hombre
tiene alma y espíritu y que su cuerpo resucitará para eterna desdicha o
eterna bendición en la presencia de Dios.
Seamos de los entendidos que resplandecerán por la eternidad (Dn. 12:3).
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