| ENERO 7 |
“LA CIUDAD DE NUESTRO DIOS”
Salmo 48:1-14
Es interesante comparar este salmo con el 46. En aquél la ciudad está segura
porque Dios está en medio de ella (46:4,5); aquí, porque pertenece a
Dios (vs. 1,2,8). En este salmo y los dos que le anteceden se enfatiza
que Dios es grande y poderoso. Adoramos a Dios por lo que es en su persona
(v. 1). Lo que Dios es, debe encontrar expresión en su morada y la gloria
de la ciudad es ser la ciudad del gran Rey (v. 2).
Así la gloria de la Nueva Jerusalén será la presencia en ella de Dios y
del Cordero (Ap. 21:22,23).
La ciudad se distingue por su hermosura (v. 2), es conocida como refugio
(v. 8) y los que moran en ella se gozan en la misericordia (v. 9), en la
justicia (v. 10) y en los juicios de Dios (v. 11).
No sólo debemos alabar a Dios (v. 1), sino que debemos contar a la generación
venidera que este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; él
nos guiará aun más allá de la muerte (v. 14).
Que nuestros pasos hoy estén bajo la mano poderosa de Dios que nos guiará
hasta la muerte, a través de la muerte y aun más allá de la muerte.
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