| ENERO 15 |
TEMOR Y FE
Salmo 56:1-13
En este salmo el escritor exhibe estas dos actitudes, pero triunfa la fe
puesta en un Dios poderoso. El salmo tiene dos partes que terminan con
las mismas palabras (1-4; 5-11) y a esto le sigue una conclusión lógica
(vs. 12,13).
Si Dios ha librado nuestra alma de la muerte y nuestros pies de caer, es
para que andemos delante de él en luz. David tenía muchos enemigos en su
contra (v. 2 y 55:18), pero pudo decir: Esto sé, que Dios está por mí
(v. 9). Pablo dice algo parecido: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra
nosotros? (Ro. 8:31).
Primero el salmista muestra una actitud buena: En el día que temo, yo
en ti confío (v. 3); pero más adelante logra algo mucho mejor: En Dios
he confiado; no temeré (vs. 4,11).
Este salmo, como tantos otros, es intensamente personal. Describe las
experiencias de David, tanto como las nuestras. Es esta característica
la que hace que los salmos sean una de las partes más amadas de la Biblia
y de las más fáciles de comprender y de apropiar.
En nuestros tiempos de temores y de lágrimas aprendamos a confiar en Dios.
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