| SEPTIEMBRE 24 |
GRACIA Y JUICIO
Deuteronomio 28:15-68
El Dios de gracia no es un Dios que deja de ser justo. No es un Dios que
va a olvidar desprecios y burlas y hasta blasfemias que el hombre, bajo
el manto de lo que él llama gracia, construye y presenta dentro del marco
de religión. Sea este capítulo una advertencia.
Las maldiciones aquí enumeradas eran para los que quebrantaban el pacto
mosaico, un pacto condicional: Si diereis oído a mi voz, y guardaréis
mi pacto,... seréis (Éx. 19:5). El pueblo selló este pacto con la frase:
Todo lo que Jehová ha dicho, haremos (Éx. 19:8). Pudiéramos pensar que
bastaría que, si el hombre no cumplía su parte, Dios no cumpliría la suya.
Pero no es así.
Dios interpone una maldición porque el hombre no puede jugar con él. Pensemos
en el pacto de gracia. No es condicional. Una vez sellado no puede nulificarse.
El sello es la sangre de Cristo y la fe del hombre, puesta en esta sangre.
¿No es de esperarse que Dios castigue aún más severamente a aquellos que
desechan su don? Concluya este comentario con la lectura de Hebreos 2:1-4
y 12:18-29.
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