| SEPTIEMBRE 23 |
“SI OYERES...”
Deuteronomio 28:1-14
El mensaje dado por Dios a su pueblo en todo el Antiguo Testamento se resume
en: No quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino,
y que viva (Ez. 33:11). El Señor Jesús dijo: Sé que su mandamiento es
vida eterna (Jn. 12:50). Entonces, ¿por qué el Señor declara cosas tan
terribles que nos llenan de espanto? Recordemos que el Señor estaba preparando
un pueblo que le amara por sobre todas las cosas y que, además, demostrara
la grandeza de su poder en medio de los pueblos entre los cuales habitaban.
Pero el pueblo se rebeló.
Pablo dice: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera... Dios
les dio espíritu de estupor... pero por su transgresión vino la salvación
a los gentiles... la reconciliación del mundo (Ro. 11:1,8,11,15). Demos
gracias a Dios por su omnisciencia y por su gran amor con que nos amó.
Oremos a Dios por la nación de Israel, para que vuelva a él y le glorifique.
Pero tengamos cuidado porque la misma Escritura dice: Pero tú por la fe
estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme... mira... la bondad... para
contigo (Ro. 11:20-22).
Demos gracias a Dios que las bendiciones que ellos no aprovecharon, hoy son
nuestras en Cristo. Pero la condición es la misma: “Si oyeres...” (v. 1).
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