| MAYO 2 |
LA FIDELIDAD DE DIOS
Génesis 9:1-29
CUANDO Noé salió del arca vio muchas cosas nuevas. No sólo las plantas
y los árboles que habían retoñado; tal vez también lo azul del cielo y
el resplandor del sol, así como la belleza de las nubes en la aurora al
amanecer. Pero también sería nuevo el sentirse acariciado por una tenue
lluvia que regaba la tierra. Pero esto le haría recordar los terribles
aguaceros que destruyeron la tierra apenas el año anterior.
Dios entonces dirigió su atención al lado opuesto de donde venían los rayos
de luz del sol y, ante sus ojos, estaba otra bella y novedosa experiencia:
el arco de Dios en las nubes. Aquellas gotas que presagiaban para Noé el
desastre de otro diluvio, descomponían la luz del sol en los siete colores
del arco iris, el marco glorioso en que Dios había escrito su promesa de
no volver a destruir al hombre por agua.
Que esto nos lleve a pensar cuando, en Cristo, entramos a la luz de un
nuevo día. Allí también hay la señal de un pacto: un pan y una copa que
mantienen en nuestra memoria el hecho de nuestra salvación y una gran promesa
(Mt. 26:26-29).
El arco en las nubes se complementa con el altar en la tierra (Gn. 8:20).
¿Qué ofrecemos a Dios en nuestro altar (Heb.13:10,15)?
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