| MARZO 18 |
“TODA LA CIUDAD SE CONMOVIÓ”
Mateo 21:1-22
EN el camino a Jerusalén, el Señor y sus discípulos se encontraron con
una multitud de peregrinos que también subían al templo para cumplir con
la ley de Moisés (Dt. 16:5-8).
El Señor, montado en un pollino en cumplimiento de la profecía (Zac. 9:9),
encabeza a la multitud. Entre ella seguramente había muchos que habían
sido transformados por su poder o habían visto sus milagros y no tardó
en nacer el clamor de Hosanna, forma griega de un término hebreo que
significa: Salva ahora, o: Salva, te rogamos (vea Sal. 118:25).
El Mesías no había andado abiertamente en Jerusalén y por eso preguntan:
¿Quién es éste? (v. 10). Aunque la ciudad se conmueve, hay tres cosas
notables:
1. Los grandes siguen ciegos (v. 15) y no quieren hacerse como niños y
alabar al Hijo de David. Su ceguera permite lo falso y prohíbe lo sincero
(vs. 13,15). Solemne advertencia para el indiferente.
2. La ciudad no es digna de su Rey. El Señor sale de ella y va a Betania
a posar allí (v. 17). Solemne advertencia para el ingrato.
3. La ciudad se conmovió ante su Rey pero, como la higuera, sólo fueron
hojas. Pronto rechazaría a quien ahora aclamaba y, como la higuera, sería
asolada. Solemne advertencia para el insincero.
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