| MARZO 17 |
SUBIENDO A LA CIUDAD DEL GRAN REY
Mateo 20:17-34
SE acercaba la hora para la cual había venido a este mundo (Jn. 12:27),
y los que seguían al Rey presentían que algo iba a acontecer. Para que
no tuvieran que depender únicamente de sus sentimientos, el Señor se vuelve
a presentar como el Hijo del Hombre que sería condenado a muerte.
El Rey tenía sus ojos puestos en una cruz, mientras que sus vasallos pensaban
en coronas y esto provoca una petición (v. 22) y una división entre ellos
(v. 24).
Más adelante los ciegos escuchan al Rey decir: ¿Qué queréis que os haga
(v. 32)? Pero los que seguimos al Rey debemos preguntar: Señor, ¿qué quieres
que yo haga? (Hch. 9:6). Aquí, la respuesta a esa pregunta fue: ¿Podéis
beber,... y ser bautizados...? (v. 22). La copa y el bautismo nos hablan
de sumisión a los propósitos de Dios y obediencia hasta la muerte, y muerte
de cruz (Fil. 2:8). El bautismo que menciona el Señor es una entrega total
a la voluntad del Padre.
Nosotros, en nuestro camino a la ciudad celestial, no pensemos tanto en
las coronas que nos olvidemos de la cruz. Estamos en este mundo para servir
como lo estuvo el Hijo del Hombre (v. 28).
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