| FEBRERO 8 |
“CUÁN FRÁGIL SOY”
Salmo 39:1-13
EN este salmo podemos aprender uno de los secretos importantes de la oración.
La oración eficaz requiere preparación previa y ésta debe producir un sentir
de profunda necesidad.
Encontramos en el versículo 4 la frase que sirve de título para nuestra
meditación. No debemos orar por costumbre nada más, sino porque sentimos
la necesidad de orar. Sin este sentir, la oración no pasará de vana palabrería.
El salmista dice: Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación
se encendió fuego, y así proferí con mi lengua: Hazme saber, Jehová, mi
fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy (vs.
3,4). Su corazón ardía, el fuego generaba presión y esa clase de oración
no se puede reprimir.
El saber lo frágil que somos es buen cimiento para la práctica de la oración.
El salmo nos enseña que nuestra vida es corta, insegura e inquieta (vs.
5,6). Estar conscientes de esto, es el primer paso para acercarse a un
Dios eterno, fuerte y consolador.
La grandeza del hombre se deshace como polilla (v. 11). Este mundo no es
nuestro hogar; aquí somos forasteros y advenedizos, de paso a nuestra patria
celestial. ¿Cómo es su vida de oración?
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