| FEBRERO 7 |
ORACIÓN DE UN PENITENTE
Salmo 38:1-22
ESTE es un salmo muy triste, pero no pasará de moda mientras haya pecado,
sufrimientos y lágrimas en el mundo.
Es el tercero de los salmos penitenciales. Tiene tres estrofas. Comentaremos
la primera y la última. Todas principian con una invocación al Señor, contra
quien es todo pecado que cometemos.
La tristeza de espíritu se refleja en el cuerpo físico del pecador. La
descripción de los malestares nos recuerda a Isaías 1:5,6: Desde la planta
del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana.
El versículo 18 habla de la tristeza que resulta del pecado. Debemos recordar
que hay dos clases de tristeza y que una es mucho más saludable que la
otra (2 Co. 7:10).
Pensemos en dos que estuvieron tristes por su pecado: Esaú y el apóstol
Pedro. Uno lloró porque le dolieron las consecuencias de su acción y buscaba
recuperar la herencia que había despreciado y perdido. El otro lloró porque
le dolió haber negado a su Señor. Pedro es ejemplo de tristeza que lleva
a arrepentimiento y cambio de conducta: nunca más se avergonzó de dar testimonio
de su Señor y Maestro. Esta tristeza da fruto con valor en la eternidad.
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