| ENERO 27 |
“¿DE QUIÉN TEMERÉ?”
Salmo 27:1-14
SI creemos que Dios es nuestra luz, nuestra salvación y la fortaleza de
nuestra vida, no hay motivos para temer o temblar aunque todo un ejército
acampe contra nosotros. ¿Creemos esto?
Este salmo expresa dos deseos de David:
1. Contemplar la hermosura de Jehová (v. 4). Tener una visión exacta de
lo que es Dios, es lo más sublime a que podamos aspirar.
2. Ver la bondad de Dios, y verla en la tierra de los vivientes, es decir,
en esta vida (v. 13). Al hablar de la bondad de Dios estamos pensando,
ya no tanto en lo que es, sino en lo que hace a favor de los suyos. Nos
protege (v. 5), nos muestra misericordia (v. 7), nos guía (v. 11) y nos
defiende (v. 12). Por eso no desmayamos.
Fe en Dios es el antídoto de nuestros temores y flaquezas. Aceptemos la
exhortación del versículo 14: Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí,
espera a Jehová.
Si hacemos esto podremos sentir lo que sintió el profeta Zacarías cuando
exclamó: Porque ¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura! (Zac. 9:17).
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