| ENERO 10 |
PELIGROS DEL PEREGRINO
Salmo 10:1-18
HOY seguimos pensando en el conflicto entre el bien y el mal. Muchas veces
nos parece que el mal siempre es el que vence y que Dios está distante,
escondido, que no nos habla y que no interviene para librar a los suyos.
Nosotros, como el salmista, preguntamos: ¿Por qué...? El silencio de Dios
hace que crezca la soberbia del malo (vs. 2-11) y provoca la súplica del
humilde (vs. 12-15) que recibe como respuesta la seguridad de que Dios
es Rey eternamente (vs. 16-18).
Saber que Dios es Rey trae consuelo al santo y confusión al malo. El malo
dice: Dios ha olvidado; ha encubierto su rostro; nunca lo verá (v. 11),
pero el creyente sabe que Dios tiene buena memoria y buena vista.
El Salmo que empezó con ¿por qué...? termina con confianza y gozo. Nosotros
también podemos pasar de duda a seguridad cada vez que traigamos nuestros
problemas e inquietudes a nuestro Padre celestial.
Él es Rey eterno y él tiene cuidado de nosotros. Este Salmo y
el anterior están llenos de la miel del consuelo. Untémosla generosamente en
nuestro pan cotidiano.
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