| AGOSTO 8 |
ALTAR DEL INCIENSO
Éxodo 30:1-16
Este capítulo contiene hermosas lecciones sobre la adoración e instrucciones
para que ésta sea como la que Dios desea. Recordemos que el Padre busca
adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Jn. 4:23,24).
El altar de oro nos habla de Cristo en el cielo. Allí él es nuestro altar,
no para sacrificios con sangre, sino para que ofrezcamos... por medio
de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan
su nombre (Heb. 13:15).
Se advierte que sobre este altar no se debe ofrecer incienso extraño. En
Levítico 10 se advierte contra el uso de fuego extraño. El incienso que
usamos hoy puede ser extraño si es adoración mecánica que sigue un rito
de origen meramente humano o una costumbre hecha hábito repetitivo que
no va acompañado de ejercicio espiritual.
Fuego extraño para nosotros puede ser adoración meramente emocional que
no tiene su fuente en la obra del Espíritu Santo que mora en nosotros.
El incienso se ofrecía por la mañana y al anochecer (vs. 7,8) por gente
redimida (vs. 11-16), que primero tenía que lavarse con agua (vs. 17-21;
Sal. 119:9; Heb. 10:22).
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