| AGOSTO 7 |
SACRIFICIO CONTINUO
Éxodo 29:29-46
El altar tenía uso constante. Durante todo el año se sacrificaban, por
lo menos, dos corderos por día: uno por la mañana y otro por la tarde.
Cristo fue sacrificado una sola vez, pero esta ley nos habla de la eficacia
constante del sacrificio de la cruz.
Desde el primer día de nuestra carrera terrenal tenemos el privilegio de
acercarnos a Dios por la virtud de Cristo, el Cordero que fue inmolado
desde el principio del mundo (Ap. 13:8).
Además del cordero, había una ofrenda de harina mezclada con aceite y una
libación de vino. Esto nos habla del carácter puro de la vida que Cristo
vivió en el poder del Espíritu Santo y de cómo derramó su vida hasta la
muerte (Is. 53:12).
Al precepto le sigue la promesa. Dios promete reunirse con nosotros, hablarnos
y habitar entre nosotros. Estas promesas se ratifican en el Nuevo Testamento.
Recordemos el precepto que precede a las promesas y digamos con el salmista:
Bueno es alabarte, oh Jehová... anunciar por la mañana tu misericordia,
y tu fidelidad cada noche (Sal. 92:1,2).
Para meditar: Tenemos un altar (Heb. 13:10). ¿Qué uso le damos? ¿Nos
acercamos para ofrecer o para pedir?
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