¿TODO SE PERDIÓ?
¡No! Aún tiene la vida
Levante los ojos al cielo y,
aunque no entienda el porqué de lo que pasó, agradezca a Dios la oportunidad de
vivir y aprender de lo sucedido, para así tomar una mejor decisión para el
mañana.
¿Por qué los desastres naturales? ¿por qué la violencia? ¿por qué hemos de vivir con tanta inseguridad?
Dios no lo planeó así. Él quiso que el hombre respondiera a su amor manifestado en la hermosura de la creación, la precisión de la sucesión día-noche, verano-invierno... pero más, en la venida de Cristo a este mundo, quien vino a morir para que ahora nosotros vivamos por él.
Pero el hombre ya no responde a esta voz: inventa religiones, propone filosofías, diseña normas de conducta, hace toda clase de esfuerzos para hallar la solución a sus problemas sin tomar en cuenta a Dios, hasta el extremo de relegar a un ayer irrelevante las normas éticas y morales dispuestas por el Creador para sus criaturas.
No nos admire, si Dios hoy decide hablarnos por ríos que se desbordan, volcanes próximos a hacer erupción, sismos y huracanes. ¿Será que sólo así pensará el hombre en la eternidad?
¿Por qué esperar hasta que se cimbren los montes, se embravezca el mar o los ríos salten de sus cauces para doblar la rodilla y alzar una plegaria a Dios? No siempre tendrá la vida, ni una mente lúcida para acercarse a su Creador.
Medite en lo que conoce de la historia de Cristo, pero no concluya que vino a enseñarnos cómo soportar las penas, ni que su misión fue clamar por justicia y buscar el bien de los marginados. Su misión fue manifestarnos el amor de Dios hacia una humanidad perdida y en necesidad de un Salvador.
¡Piense hoy en la eternidad!
No tenemos mucho que compartir para el bienestar de su cuerpo, ni muchos consejos que darle para la prosperidad en esta vida; pero tenemos algo que significará salud para su alma, paz para su corazón y seguridad al mirar hacia la eternidad.
Los apóstoles San Pedro y San Juan, estuvieron en una situación similar cuando un cojo les pidió ayuda (Hechos 3:6). No tenían ni plata ni oro para ofrecer, pero compartieron lo mejor:
¡El Nombre de Jesús!
La Biblia dice: No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12).
También nos explica: Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad (Hechos 3:26).
Después de sentir el poder de Dios a través de un temblor, un hombre clamó: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Y la respuesta fue: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo (Hechos 16:30,31).
No rechace la invitación del Señor Jesús: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame (Lucas 9:23).
Si desea escuchar más de estas verdades, lea su Biblia, escríbanos a nuestro correo electrónico: elsembrador@elsembrador.org.mx
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