| SEPTIEMBRE 15 |
MUERTE DE ELISEO
2 Reyes 13:1-25
El ministerio de Eliseo duró sesenta años, pero casi cuarenta y cinco transcurrieron
desde los últimos datos registrados hasta lo que leímos hoy. Nadie se interesa
en un siervo de Dios en tiempos de apostasía, pero ya en su lecho de muerte
lo visita Joás, no el rey de Judá sino un rey de Israel con el mismo nombre.
Este rey dijo palabras muy parecidas a las que Eliseo le dijo a Elías antes
que subiera al cielo (2:12; 13:14).
La última profecía de Eliseo tiene lecciones importantes. Primero hay una
promesa alentadora (vs. 15-17). La salvación dependía, no del profeta,
sino de Dios. Luego vino la orden de herir la tierra. El rey lo hace tres
veces y el varón de Dios se enoja porque no dio más golpes. Otra vez vemos
un principio fundamental: la medida de nuestra victoria es la medida de
nuestra obediencia y de nuestra fe.
El milagro por contacto con los huesos de Eliseo nos enseña que la influencia
de un siervo de Dios puede seguir después de su muerte. El recuerdo, los
escritos, las obras, pueden dar vida a otros (Ap. 14:13). ¿Qué influencia
seguirá teniendo nuestra vida cuando nuestro cuerpo ya esté en el sepulcro?