| OCTUBRE 17 |
CÁNTICO DE MOISÉS Y DEL CORDERO
Apocalipsis 15:1-8
Es de Moisés, porque celebra la derrota de la bestia y la liberación de
los dominios del mal (se compara con Egipto y Faraón); es del Cordero,
porque entraban a nueva vida, habiendo resucitado de los muertos.
Hay experiencias externas e internas que nos hacen cantar. Estos que cantaban
(contemporáneos de la bestia y por eso salidos de los siete años de tribulación),
estaban rodeados de un cuadro de juicio. Ellos, a costa de su vida, se
negaron a recibir el sello de la bestia o a inclinarse a su imagen; captaron
el significado del número y aborrecieron las obras de iniquidad. Están
con sus pies sobre el mar de vidrio (4:6), que ahora rojeaba por el vino
del lagar de la ira de Dios. Había también un templo abierto (v. 5), comparable
con el tabernáculo de Moisés que pasaría para dar lugar al templo de la
ciudad de Jerusalén.
De este tabernáculo salieron los siete ángeles, pero se llenó de humo y
nadie podía entrar (v. 8). La intercesión por el pecado no podía hacerse
más. Terrible advertencia de que Dios no contenderá con el hombre para
siempre (Gn. 6:3), y serias palabras para el incrédulo hoy.
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