| NOVIEMBRE 9 |
“LA CENA DEL SEÑOR”
1 Corintios 11:17-34
Primero vemos lo que no es comer la cena del Señor (v. 20). No basta
rodear una mesa en la cual haya pan y vino. Más importante que los símbolos
es la realidad de la que hablan: la presencia y el señorío de Cristo. No
debe haber disensiones; no es una reunión social para nuestro deleite.
Entonces, ¿qué es la cena del Señor?
Es un mandato que debemos obedecer y esto es evidente en que cada vez que
se menciona, se vincula con el título Señor. Es una acción que hacemos
en memoria de nuestro Señor. Es un anuncio de la muerte del Señor que debe
producir gratitud, alabanza y adoración, y renovar nuestros votos de fidelidad
y lealtad a nuestro Señor. Este es el fruto que busca el que habla a la
mesa. Es un anticipo de su venida que debe motivarnos al servicio, pues
sólo lo podemos hacer hasta que él venga (v. 26). Es una oportunidad
repetida de examinarnos a nosotros mismos. ¿Salgo aprobado? Si no apruebo
el examen hay pasos que debo dar de inmediato para abandonar y confesar
mi pecado y así comer del pan y beber de la copa. El autoexamen no es agradable,
pero es necesario y saludable. No hacerlo es comer y beber juicio.
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