| MAYO 24 |
¿GOZO O LÁGRIMAS?
1 Samuel 2:1-11
Sigamos con el tema de ayer: nuestros sacrificios. Si nosotros despidiéramos
a un hijo o hija para vivir en la sierra entre indígenas llevando el evangelio
de Cristo, ¿lloraríamos o cantaríamos? Veamos por qué cantó Ana:
1. Nunca pensó que había perdido a su hijo: lo había dedicado a Jehová
(1:28).
2. Desde el primer día que lo tuvo en sus brazos dijo que era de Jehová
(1:11,20) y sin duda así se lo enseñó a Samuel.
3. Se sintió exaltada y engrandecida al saber que Dios había permitido
que ella criara y educara a un hombre para que le sirviera a él toda su
vida. Este es el tema de su alabanza y base de su regocijo en el canto
que leímos hoy.
Además, pensemos en cómo preparó Ana esta ofrenda. Ella fue la que enseñó
al niño la ley de Jehová y lo hizo en medio de un mundo pagano (3:1); ella
le enseñó a ministrar alegremente (v. 11); le enseñó, además, que lo más
hermoso y la mayor riqueza es servir fielmente a Jehová. Es por esto que
la historia del niño Samuel tiene tan bellos matices de madurez espiritual,
dedicación y santidad.
¿Preparamos así y con tanto esmero lo que le damos a Dios?