| DICIEMBRE 25 |
CERTIDUMBRE
1 Juan 3:1-24
Dios pudo habernos salvado sin hacernos hijos, pero Dios nos ama tanto
que nos da la relación eterna de hijos. En su evangelio Juan explica el
origen de esta relación (Jn. 1:12; 3:5,7) y aquí menciona tres manifestaciones
del Hijo que hacen posible esta relación:
1. Él apareció para quitar nuestros pecados (v. 5). Al morir en la cruz
nos libró de la paga del pecado.
2. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo
(v. 8). Al resucitar nos libró del poder del pecado en nuestra vida cotidiana.
3. Cuando él se manifieste, seremos semejantes a él (v. 2). Al venir
otra vez por los suyos nos librará de la presencia del pecado.
Ser hijo de Dios se manifiesta de muchas maneras. El hijo de Dios no puede
practicar el pecado, ya no acostumbra pecar. Al contrario, ahora ama a
sus hermanos y está dispuesto a dar su vida por ellos (v. 16). Dios contesta
sus oraciones (v. 22), y tiene el testimonio del Espíritu (v. 24). Con
todo esto aseguraremos nuestros corazones delante de él (v. 19).
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