| MARZO 13 |
“OYÓ... LA FAMA DE JESÚS”
Marcos 6:1-29
Fue muy diferente la reacción de los hombres al oír lo que hacía un carpintero
de Nazaret (v. 3). Los conocedores de la ley se admiraban de su sabiduría
(v. 2). Sus vecinos se escandalizaban al ver sus milagros (v. 3) y Herodes
temblaba al escuchar del poder que actuaba en él (v. 14).
Lo triste es que los primeros no vieron que si la sabiduría no venía de
la escuela de los rabinos, ésta debería venir de Dios. Los segundos no
pensaron que si el hijo de María hacía milagros era porque también era
el Hijo unigénito de Dios. El tercero, no razonó, sino relacionó los poderes
con Juan el Bautista y no con quien Juan anunciaba (1:7). ¡Cuán triste
es observar cómo las pruebas más fuertes de la deidad de Cristo son cubiertas
por capas de incredulidad, burla y miedo!
Reconocer que Jesús es Hijo de Dios implica:
1) Aceptar como verdad todo lo que enseña, es decir, creer y obedecer sus
palabras.
2) Verme como pecador necesitado. No se hizo hombre para igualarse conmigo,
sino para salvarme.
3) Rendirme a él, confiando que en su misericordia no me dará el castigo
que merezco sino que me transformará para serle útil.
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