| FEBRERO 17 |
EL CRISOL
Proverbios 17:1-28
La segunda parte del versículo 3, por sí sola, nos haría pensar que Dios
es sólo un examinador: Jehová prueba los corazones. Pero la primera parte
nos enseña que la prueba es constructiva. El fuego purifica la plata y
el oro, separando y consumiendo la escoria: entresaca lo precioso de lo
vil (Jer. 15:19). Así es como el apóstol Pedro vería el efecto benéfico
de las tribulaciones: Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más
preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea
hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo
(1 P. 1:6,7).
El que refina metales preciosos sabe cuánto fuego es necesario para lograr
sus fines. Así sucede cuando Dios prueba a sus hijos (Mal. 3:3) y cuando
están en el horno, los acompaña, como lo hizo con Mesac, Sadrac y Abednego
(Dn. 3:19-26). Como el fuego prueba el oro, la adversidad es prueba de
la amistad: el que es buen amigo ama en todo tiempo (v. 17). El amigo cubre
la falta (v. 9). Esto no quiere decir que solapa el pecado: lo reprende
en privado y busca el arrepentimiento. Natán es buen ejemplo de esto (2
S. 12:1-15).
Dejémonos examinar por Dios.
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