| ENERO 26 |
UN SALMO MISIONERO
Salmo 67:1-7
Cuando Dios eligió
y llamó a Israel lo hizo con un propósito misionero. Dios no quería que Israel
fuese la terminal de sus bendiciones sino un conducto para que éstas llegaran al
mundo entero.
Quería que Israel fuera testigo y testimonio de dos verdades:
1) Que había un sólo Dios verdadero (Éx. 20:2,3; Dt. 6:4; Is. 43:10-12).
2) Que el pueblo que vivía en obediencia al gobierno de Dios sería feliz y
próspero (Lv. 26:3-12; Dt. 33:26-29; 1 Cr. 17:20,21; Jer. 33:9).
Pero Israel no cumplió su misión a plenitud (Is. 61:6; Zac. 8:23; Mt. 24:14).
El salmo es una joya literaria. Los versículos 3 y 5 son iguales y dividen el
salmo en tres partes. Los que conocen a Dios tienen el deber de darlo a conocer.
Ésta es la esencia de la obra misionera. Hoy la responsabilidad ya no es de
Israel sino de la iglesia.
Proclamemos las virtudes de nuestro Señor y bendigamos a Dios para que su
temor se extienda a “todos los términos de la tierra” (v. 7).
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