| ENERO 23 |
LENGUAS HIRIENTES
Salmo 64:1-10
Este es otro salmo que tiene como fondo histórico el mal uso que hicieron
de sus lenguas Doeg y Ahitofel. El salmo tiene dos partes: La calamidad
de la calumnia (vs. 1-6) y el consuelo de la confianza en Dios (vs. 7-10).
No tan sólo los libros de Proverbios y Santiago tratan el tema de la lengua;
hay muchos salmos que se ocupan de este miembro tan difícil de domar y
son el 5, 7, 11, 12, 52, 55, 64 y 140.
Los enemigos de David celebraban consejo secreto y conspiración de iniquidad
(vs. 1,2). Sus lenguas eran como espadas afiladas y saetas envenenadas
con amargura de corazón (vs. 3,4).
Podemos comparar este salmo a una función de boxeo. El evento preliminar
está a cargo del impío y el justo. El evento estelar es entre Dios y los
impíos. En el primero, David es abatido por las saetas de muchos enemigos,
pero no leemos de otra arma, mas que la oración, en manos de David. En
la lucha, Dios manda su saeta (nótese el singular con una basta) y el
enemigo cae vencido.
Sus propias lenguas los harán caer (v. 8). Este salmo nos debe enseñar
que es infinitamente mejor ser calumniado que ser de los calumniadores.
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