| ENERO 13 |
“CON TU PODER DEFIÉNDEME”
Salmo 54:1-7
El salmo tiene dos partes que se dividen con la palabra Selah. La primera
es una oración (vs. 1-3) y la otra, la respuesta a ella (vs. 4-7). La oración
se apoya en el nombre y el poder de Dios.
En la segunda parte el salmista expresa que Dios es (no que será) su Ayudador.
Los problemas que lo rodean son reales, pero también lo es su Protector.
El nombre que salva (v. 1) se convierte en el nombre que es alabado (v.
6). La adoración es voluntaria y nace espontánea porque Dios es bueno.
En los versículos finales el salmista se expresa como si sus problemas
se hubieran desvanecido y sus enemigos fueran aniquilados. ¿Tan pronto?
¿Será posible? Tal vez aquí está usando los ojos de la fe que ve el futuro
como presente y agradece lo prometido como si ya lo tuviera en las manos.
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que
no se ve (Heb. 11:1).
¿Nos ha librado el Señor de nuestros enemigos? Sí. ¿Cómo reaccionamos ante
su poder y bondad?
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