| ENERO 1 |
“SED DE DIOS”
Salmo 42:1-11
¿A quién pertenece la voz que invoca el nombre de Dios y hace preguntas?
Unos oyen a David en exilio durante la rebelión de su hijo Absalom; otros,
al Mesías en los días de su rechazo y pasión; otros, al remanente judío
en los días futuros de la gran tribulación; aun otros más al creyente que,
alejado de Dios, recuerda los días de su primer amor y quiere regresar
a la intensidad de la comunión con Dios que entonces sentía. Lo bueno es
que no tenemos que discutir ni escoger entre las cuatro interpretaciones
porque todas ellas son válidas. Esto demuestra la versatilidad de los salmos.
La mejor sed que el hombre pueda tener es la sed de Dios, del Dios vivo
(v.2). Un ídolo jamás podrá satisfacer al que lo adora.
El abatimiento y la esperanza luchan entre sí como la secuencia del día
y la noche que se menciona en los versículos 3 y 8. El primero habla de
lágrimas de día y de noche, pero el segundo menciona días llenos de la
misericordia de Dios y noches llenas de cánticos y oración. ¿Cuál es nuestra
experiencia?
El versículo 7 nos lleva al Monte Calvario donde escuchamos la voz de nuestro
Salvador que sufre las ondas y las olas de juicio mientras lleva nuestros
pecados en su cuerpo sobre el madero (1 P. 2:24). Invoquemos su nombre
al pie de la cruz.
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