| ABRIL 2 |
LA OBLACIÓN
Levítico 2:1-16
Este término nos indica, en forma general, algo que se entrega a Dios,
aunque en la lectura de hoy se limita a aquellas ofrendas sin sangre donde
el ingrediente principal es el trigo. Hablando de su muerte, el Señor Jesús
dijo: Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero
si muere, lleva mucho fruto (Jn. 12:24).
La flor de harina o el grano desmenuzado han de hablarnos, pues, del fruto
de esta muerte. ¿Cuál es este fruto hoy? Pablo confiesa que sufría y trabajaba
hasta que Cristo sea formado en vosotros (Gá. 4:19). Esto sucede sólo
después de haber muerto con Cristo (Ro. 6:5). ¡Con razón va tan ligada
la oblación al holocausto en los ritos antiguos! Las virtudes de Cristo
no se manifestarán en mí hasta que me haya entregado en holocausto.
Esta figura de Cristo va acompañada de: (1) Aceite, el poder del Espíritu.
(2) Incienso, la perfección que es agradable a Dios. (3) Sal, pureza y
madurez de carácter. Asimismo, no debiera tener: (4) Levadura, que habla
de pecado. (5) Miel, que habla de presunción, es decir, dulzura y sabor
que no es propio.
Al estarse formando Cristo en mí, debo estar alerta a estas verdades.
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