| SEPTIEMBRE 7 |
UN DIOS, UN PUEBLO, UN SANTUARIO
Deuteronomio 12:1-28
Nuevamente Moisés hace referencia a lo que tenían que hacer con todo lo
que encontraran en los pueblos que conquistaran: ¡Destruirlo! No podía
haber entre ellos pluralidad de dioses ni de lugares de adoración.
La advertencia es contra la formación de un dios a mi manera que vemos
en la frase que se haría notoria en el Libro de los Jueces: Cada uno hacía
lo que bien le parecía (v. 8; Jue. 17:6; 21:25). La contraparte está en
Hebreos 10:25: No dejando de congregarnos. Esto no debe interpretarse
como el sólo hecho de ocupar una silla en la congregación. Es reunirme
en el un santuario que es Cristo para elevar a Dios, junto con mis hermanos,
mi oración, alabanza y gratitud, pero más aún, para darme a mí mismo en
sacrificio vivo sobre el altar (vs. 11,13,17; Ro. 12:1).
Cada vez que busco servir solo, sin comunión con mis hermanos, estoy destruyendo
la enseñanza de Efesios 4:4-6 que comienza con “UN cuerpo”. Si vivo EN Cristo y
CON mis hermanos, no habrá lugar para hacer “lo que bien me parece”. Como
miembro del cuerpo recibo órdenes de la Cabeza y trabajo en armonía con los
demás miembros.
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