| SEPTIEMBRE 2 |
¿A QUIÉN DARÉ MIS HIJOS...?
Deuteronomio 7:1-26
¿Hasta qué punto son responsables los padres de esta decisión? La lectura
de hoy aborda este tema. El 27 de agosto (inciso 3) comentábamos una razón
por la cual Dios mandó el exterminio total de los que habitaban la tierra:
no permitir que costumbres paganas se infiltren en el pueblo.
Aquí hay otro: los hijos. Ser complaciente con los que no obedecen las
leyes de Dios, admitirlos en nuestro círculo de intimidad y, por amistad,
tratar de disculpar frente a nuestros hijos su pecado (v. 2), traerá graves
consecuencias.
El hombre maduro podrá, tal vez (?), andar en la compañía de los inicuos
sin contaminarse, pero el corazón tierno de los hijos será fácilmente desviado
(v. 4). La orden era exterminar estas siete naciones y acabar con sus costumbres
(v. 5). ¿La razón?:
1. Son un pueblo SANTO, no podían contaminarse con los pecados de sus vecinos.
2. Son un pueblo ESPECIAL, llamado a ser diferente de sus vecinos.
3. Son un pueblo AMADO (vs. 6-8). Le debían exclusividad a Dios.
Como padres somos responsables si nuestros hijos caen por una piedra de
tropiezo que no hemos quitado de su camino. A la luz de este comentario lea 1
Pedro 2:9-11.
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