| OCTUBRE 25 |
EL CORAZÓN DEL PROFETA
Isaías 21:1-17
Isaías sigue recibiendo revelaciones de destrucción y asolamiento que a
él mismo le causan dolor y angustia. Pero no puede hacer nada. La profecía
ha sido dada y el Dios justo tiene que derramar su ira. Dios no es hombre,
para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta (Nm. 23.19).
Se profetiza contra Babilonia (v. 9). En el capítulo 13 hemos visto en
forma clara y minuciosa los designios de Dios para este reino.
Se profetiza contra Duma, que simbólicamente está relacionada con Edom
y Esaú, puesto que se menciona a Seir (v. 11), y este monte fue dado en
heredad a Esaú (Dt. 2:5). Edom nos habla de los que han despreciado a Cristo,
la esperanza de gloria, y por tanto no son elegidos.
La otra profecía es contra los árabes y beduinos. Sobre ellos Dios también
determinó destrucción. Ante toda esta realidad el profeta confiesa: Se
pasmó mi corazón (v. 4). Pero no había otra solución; el castigo estaba
sobre ellos.
Si tiene a Jesucristo como gloria y esperanza, es de los elegidos. Pero,
¿qué ha hecho por sus prójimos (Jd. 22,23)?
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