| OCTUBRE 11 |
“YO Y LOS HIJOS QUE ME DIO JEHOVÁ”
Isaías 8:1-22
El escritor de Hebreos, inspirado por el Espíritu, usa esta frase al referirse
al Señor Jesús (v. 18; Heb. 2:13). Él es la Roca en que será fundado el
santuario (v. 14; 1 P. 2:5,8) y también será piedra de tropiezo a las dos
casas de Israel (Mt. 21:42-44).
También habla de los hijos, los que hemos creído en el nombre de Jesús
(Jn. 1:12). Hemos sido puestos juntos con Cristo, por señales y presagios
en Israel (v. 18). Debemos llevar escrito, para que todos lo vean: ¡A
la ley y al testimonio! (v. 20), ya que el fin de la ley (Ro. 10:4)
y del testimonio de las Sagradas Escrituras (Jn. 5:39) es Cristo. A quienes
no viven conforme a esto no les ha amanecido (v. 20), aún están en sus
pecados (Jn. 8:24).
¿Cómo llegar a ser señales verídicas y visibles para todos? Santificando
al Señor en nuestros corazones (v. 13; 1 P. 3:15), es decir, que toda acción
tenga su razón de ser en Cristo y que esto lo sepamos explicar a todo el
que nos lo pregunte.
Nuestra confianza y esperanza deben estar en Dios y esto debe ser visible
a todos los que nos rodean (v. 17). Aprendamos que nuestra familia es parte
de nuestro testimonio y servicio.
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