| NOVIEMBRE 4 |
“OBRA DE MIS MANOS”
Isaías 29:17-24
Sobre toda otra lección que pudiéramos aprender del pueblo de Israel está
la de la casa del alfarero (Jer. 18:6). La descripción de ayer, que mencionaba
ceguera, hipocresía y perversidad, no se refiere a la vasija, sino al barro
(v. 16) en su forma cruda, acabado de extraer de la montaña. Después de
su extracción comienza el proceso de purificación, que lo transforma en
masa moldeable, que luego ha de doblegarse a las manos del artífice y,
finalmente, pasa por el fuego del horno que dejará en la vasija, indeleble,
la huella de su hacedor.
El pueblo judío está pasando por este proceso, pero vendrá el día cuando
la obra esté terminada. Ya nadie más tendrá permiso de tentar a Israel
(vs. 20,21), y la gloria de Jehová dará matices y brillo a la obra de sus
manos, cual el pincel del artífice al vaso que ha creado (vs. 17-20).
Jacob no tendrá nada de qué avergonzarse y vendrá a ser lección a todos
los hombres de lo que es la soberanía de Dios (vs. 22-24). Usted puede
entregarse como barro en las manos de Dios para ser transformado (Ef. 2:10).
¿Lo ha hecho usted?
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